El rústico ajo (Allium sativum), sin ir más lejos, pasa por ser un poderoso antibiótico. Restos de ajo han aparecido en conocidos yacimientos prehistóricos, ilustrando la antigüedad de su valor curativo por parte del ser humano. En «La Odisea», Homero relata cómo Ulises encontró en él fuerzas para protegerse de la magia de Circe. Hipócrates lo recomendaba para toda suerte de infecciones, heridas, cáncer, lepra o problemas digestivos. Se trata de un tegumento rico en vitamina A, vitaminas del complejo B, vitamina C, bromo, yodo, silicio y azufre.

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